A ojos cerrados te adivino...
y es que uso todos los sentidos para amarte.
Reconozco el olor dulce de tu piel,
y el sabor salado de cada uno de tus pliegues.
Mi cuerpo, que toma la forma exacta
de tu sombra en nuestra cama,
sabe de memoria tu textura y
los grados célsius de esos labios
que abrazan entre tibios y candentes.
Y mis oídos, que no están exentos
de esta aventura de conocerte a tientas,
o a murmullos ahogados de placer,
conocen la armonía y
la cadencia con que bailan
tus latidos y tu respiración.
Así te recuerdo esta noche
en que no estás.
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