No necesitas manos para tocarme:
me roza tu mirada con sutil caricia;
me estremece tu aliento, sinuoso y susurrante;
me abraza tu risa, contagiosa hasta el alma;
me lamen tus palabras laberínticas;
me acaricia por dentro tu sonrisa cómplice;
me inundan todas tus utopías.
Y cuando no estás tú,
me toca tu recuerdo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario