
Me gusta cómo me conduces
con los sismos de tu cuerpo
a la catástrofe,
cómo arrecia desde lo profundo
esa furia de planeta vivo
antes del derrumbe,
cómo se elevan
en caracolas de deseo marino
todas tus mareas:
suspiros de jade,
voces afiladas,
lamentos crecientes
manadas de yeguas rutilantes
en el pecho mutuo,
húmedos silencios de paz
o de diminuta
muerte súbita.
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